Un, dos, tres, al escondite inglés.
María no conocía a la nueva amiga de su hermana, era de su misma estatura y vestía muy elegante para aquellos barrios obreros, era muy blanca, rubia, de ojos indefinidos, ese tipo de niñas que no encajaría en un entorno como aquel, y sin embargo parecía moverse como pez en el agua entre aquellas pequeñas inocentes y juguetonas criaturas.
El parque donde jugaban estaba al lado de casa, sus padres las dejaban jugar y corretear solas por allí, siempre a la vista de sus ventanas, hasta el incidente de aquella tarde de mediados de julio cuando la fantasía de las dos hermanas desbordó el razonamiento de la mentalidad adulta. Era el segundo día que María veía a la nueva amiga de su hermana, el día anterior habían estado hablando muy poco tiempo, -su hermana mayor era muy celosa de sus amistades - y tan sólo para decirse sus nombres, ¡Vaya nombre! , ese no era un nombre de niña, ni siquiera lo recordaba hasta que su hermana la llamó para jugar y la mencionó en voz alta, Dafne, se llamaba Dafne, era raro, su nombre y ella misma eran extrañas, pálida, limpia, atenta. Es mayor, pensó, todas las mayores son raras, y además abusonas, María no quería hacer de madre, pero ó lo hacía ó no jugaba, y hoy no habían venido sus dos amigas gemelas del colegio, mejor hacer de madre que aburrirse.
El parque estaba bordeado de pinos y el suelo era de tierra pisada, con bancos, setos bajos formando borduras e islas de hierba, de tréboles y con sendas anchas, con un par de columpios y un tobogán, y en el centro, una caseta de piedra que María nunca supo para que se utilizaba pero que a ellas les servía de pared, de base para sus juegos.
María se situó junto a la pared, su hermana y Dafne se alejaron unos pasos.
- Más lejos, más lejos. No tan cerca. Más aún. – les gritó- Estáis cerquísima.
- Aquí ya está bien – le respondió su hermana-
- No, más aun, otro paso atrás, otro – Ya que tenía que hacer de madre, no iba a permitir que jugasen con ventaja, eso nunca –
Cuando María se dio por satisfecha y ambas niñas se hallaban colocadas a su gusto, empezó el juego, se dio la vuelta, de cara a la pared, apoyo su brazo derecho en la misma y sobre este su cabeza, y empezó a recitar en voz alta:
- Un, dos, tres, al escondite inglés, sin mover las manos ni los pies.
Nada mas hubo terminado de hablar, se dio la vuelta con toda la prisa que pudo y las miró, habían dado un par de pasos hacia ella y estaban quietas, sin moverse, allá lejos todavía, en posturas diversas, pero estáticas, firmes, María pensó que era aun muy pronto para pillarlas. Se volvió de espaldas y repitió la frase, seguido de su rápido revés para mirarlas, su hermana se había adelantado un paso por delante de Dafne, pero ambas parecían árboles del parque, apenas se movían, y si lo hacían, ella no era capaz de apreciarlo, se quedó mirándolas un ratito, pero nada, era tontería, las intentaría cazar más adelante. Se repitió la escena. María recitó su frase, se volteó y vio a su hermana muy cerca de la pared, inmóvil, quieta, en delicado equilibrio, con un brazo extendido, pero firme, Dafne estaba muy erguida, parecía una modelo de pasarela, varios pasos atrás, María hizo un amago de volverse hacia la pared y se giró para pillarlas desprevenidas, pero ambas niñas no se había movido de sus sitios. Se puso de nuevo cara a la pared y esta vez quiso recitar la frase más aprisa, pero no pudo, cuando terminó de decir la sigla ..glés, oyó la voz de su hermana que gritaba "Por mi". "Salvada". Se desatendió de ella, puesto que había llegado a la pared y miró a Dafne, seguía allí en medio, quieta, sin moverse, en la misma postura de la vez anterior, la observó durante unos instantes, mientras hacía desprecios a su hermana y a su arrogante forma de celebrar el haberse salvado sin que ella la atrapase en un movimiento, con vítores, carcajadas y aplausos, se dio la vuelta y volvió a contar, un, dos, tres …. Se giró y … Dafne seguía en el mismo sitio y en la misma postura, allá en medio, plantada como si fuese un árbol. Su hermana se había ido, canturreando, alegre, con el ánimo que embarga a los vencedores, y la vio como se balanceaba sobre los columpios, a la espera de un nuevo turno.
- Te tienes que mover, sino es aburrido- le dijo María a su nueva amiga, y se volvió de espaldas para contar otra vez –
Esperó unos segundos después de terminar su frase y se volteó con premura. Dafne no había cambiado de postura y su hermana estaba ahora junto a ella, pero … no, no era la amiga de su hermana, allí, en medio del parque, donde antes había visto a la niña, ahora había un árbol pequeño de hojas lanceoladas. Corrió hacia allá, le dio una vuelta entera al árbol y dijo :
- ¿Dónde está? .
- Vamos a casa, María, se lo vamos a contar a mamá.
Nadie les creyó, ni mamá, ni papá, ni el abuelo, nadie, ni aun siquiera cuando papá se acercó con ellas a ver el árbol del parque.
- Es un laurel, un árbol muy bonito, lo han debido de plantar esta tarde, mirad niñas, han dejado el contenedor ahí tirado aún, la maceta donde estaba plantado en el invernadero, la tierra está recién removida y veis, han excavado más agujeros para plantar nuevos árboles por todo el parque. Las niñas no se convierten en árboles.
La única cosa que el padre de María no llegaba a entender de aquella historia inventada por sus hijas, era la relación entre el nombre de la niña inventada, Dafne, ya que nadie les había visto jugar con ninguna niña que no fuese del barrio, y un laurel. ¿Quién les habría hablado a sus hijas de mitológia? , supuso que alguien lo hizo, tal vez en la tele, en forma de dibujos animados, y no le dio más vueltas.
Esa misma noche, María y su hermana salieron a escondidas de la casa, cuando todos dormían, el parque estaba vació, el laurel estiraba sus ramas hacia la luna, y María daba vueltas y vueltas a su alrededor como si hubiese una puerta secreta que descubrir en el enjuto tronco del árbol por donde Dafne había desaparecido, nada sucedió, nada vio. Su hermana las miraba a ambas, a ella y al laurel, callada, sorprendida, adormilada. María tenía ganas de llamar a gritos a la niña desaparecida, pero eso llamaría la atención y ellas habían salido a hurtadillas de casa, nerviosa, se acercó a saltitos a la pared, se apoyó contra su brazo y empezó a contar , un, dos, tres …. Y al darse vuelta notó que el árbol había cambiado, las ramas altas ya no apuntaban hacia la luna, sino hacia la pared, hacia ella, volvió a probar de nuevo, un, dos, tres, al escondite ingles …y al girarse vislumbró una figura mitad árbol, mitad niña, tan sólo fue como en un destello, en un relámpago, en medio de las luces macilentas de las farolas del parque, se volteó de nuevo sin querer ver más, un instinto infantil le decía que debía seguir jugando al juego y esta vez cantó la frase de la forma más lenta que nunca jamás lo hiciera, sabía que tenía que darle tiempo, y luego se volteó con las manos en los ojos, miró a través de sus dedos y allá estaba Dafne, cogida de la mano de su hermana en mitad del parque y ambas saludándola muy efusivamente. El pequeño laurel ya no estaba.
Sus padres las encontraron esa noche, jugando solas en el parque, contentas y divertidas. No fueron demasiado duros.
Según los mayores, una chiquillada, a las dos niñas no les había gustado que plantasen un árbol en medio de su parque de juegos y por ello lo habían robado.
Los mayores, nunca entenderían nada.
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Maria -